Generalmente, todos los ruidos del infierno que nos levantan temprano, son causados por moladoras. Las moladoras suenan igualito en México y en Argentina. Las moladoras, además, son puro sonido: siempre las escuchamos pero nunca las vemos. Los operarios de moladoras se levantan temprano en ambos extremos del hemisferio.
jueves, 11 de diciembre de 2014
viernes, 21 de noviembre de 2014
Pienso
Son las 7.56 de la mañana. Afuera, suena
una moladora. Recuerdo todas las veces que me despertó refunfuñando una
moladora en Haedo. Las personas que usan moladoras deben levantarse temprano a
trabajar en todas partes del mundo (o, al menos, lo hacen en México y en
Argentina)
Recuerdo, también, un día que iba
caminando a tomar el camión, allá por la colonia Jardines de Mérida. Alguien
estaba cortando el pasto. El sonido de la máquina de cortar pasto me llevó
inmediatamente a esos sábados de jardinería de mí tío. Mi tío, luchando con el
pasto, con las plantas, con la flora de nuestro jardín haedense. Mi tío, con su
gorrita dada vuelta, su figura jovial a pesar de sus setenta y tantos años, su
shorcito de jugador de fútbol de los ochenta y sus ojotas; mi tío cortando el
pasto, mi tío protegiendo el gran millón de los perros, mi tío tomando mate y
mirando algún partido de Boca, mi tío en su silla de siempre.
Pienso en los sonidos compartidos de
este mundo doble que habito ahora. En los sonidos de la cotideanidad que se
repiten en dos lugares diferentes. En todas las veces en que desperté sin saber
bien en dónde estaba.
En lo mucho que extraño Buenos Aires:
las delicias simples de la sombra de sus árboles en alguna vereda de Caballito,
de la chicharra que suena cuando sacan un subte del taller por la noche, del
teléfono público olvidado e inútil que está en la puerta de mi casa, del
trayecto de mi edificio a la parada del bondi, de la avenida Directorio y del
126, de tomarme el tren los domingos para visitar a mi familia en Haedo.
Luego, pienso en lo mucho que voy a
extrañar Mérida cuando vuelva a Buenos Aires. Que voy a extañar el calor, la
humedad, las calles empedradas. Mi barrio, la Ermita, las vírgenes de
Guadalupe, los banderines de colores colgados por doquier, la catedral más
antigua de América Latina, los camiones horribles y destartalados, el mercado,
la luz del sol en las calles de Mérida, en los edificios de Mérida. Voy a
extrañar la forma en que hablan los mexicanos, voy a extrañar México, voy a
extrañar a I***. Voy a extrañar todo eso que nos hizo felices por un tiempo,
incluso las discusiones, mis enojos, sus chistes molestos, su manía de querer
hacerme engranar.
jueves, 30 de octubre de 2014
desaparecidos
es una incógnita
el desaparecido
dice el dictador
una incógnita
no existe
no está
dice el dictador
que es el desaparecido
¿qué es el desaparecido?
no tiene entidad
no está
ni muerto
ni vivo
es
en tanto tal
un desaparecido
dice el dictador
dice el dictador
también
esto es una guerra
y se paga con sangre
porque las guerras
se pagan con sangre
con
sangre sin sangre
de desaparecidos
ni muertos ni vivos
sangre de incógnitas
sangre que no está
la de los desaparecidos
aquí,
ahora,
un poco más lejos
en la distancia y el tiempo
dicen
hay cadáveres
pero no los que buscamos
hay cadáveres
fosas, comunes, muchas
con cadáveres
pero no los que buscamos
hay fosas
hay cadáveres
pero no los que buscamos
(¿quiénes, entonces, dormían
aquel sueño ignoto
en las fosas,
quiénes, los cadáveres
por qué, los cadáveres?)
otros dicen
están vivos, podrían estarlo
no sabemos
pero los buscaremos
con todo el compromiso del estado, los buscaremos
allá lejos,
el dictador,
también decía
algo haremos
por los desaparecidos
pero no están
son una incógnita
los desaparecidos,
son una incógnita
las fosas
los cadáveres
los desaparecidos.
el desaparecido
dice el dictador
una incógnita
no existe
no está
dice el dictador
que es el desaparecido
¿qué es el desaparecido?
no tiene entidad
no está
ni muerto
ni vivo
es
en tanto tal
un desaparecido
dice el dictador
dice el dictador
también
esto es una guerra
y se paga con sangre
porque las guerras
se pagan con sangre
con
sangre sin sangre
de desaparecidos
ni muertos ni vivos
sangre de incógnitas
sangre que no está
la de los desaparecidos
aquí,
ahora,
un poco más lejos
en la distancia y el tiempo
dicen
hay cadáveres
pero no los que buscamos
hay cadáveres
fosas, comunes, muchas
con cadáveres
pero no los que buscamos
hay fosas
hay cadáveres
pero no los que buscamos
(¿quiénes, entonces, dormían
aquel sueño ignoto
en las fosas,
quiénes, los cadáveres
por qué, los cadáveres?)
otros dicen
están vivos, podrían estarlo
no sabemos
pero los buscaremos
con todo el compromiso del estado, los buscaremos
allá lejos,
el dictador,
también decía
algo haremos
por los desaparecidos
pero no están
son una incógnita
los desaparecidos,
son una incógnita
las fosas
los cadáveres
los desaparecidos.
martes, 23 de septiembre de 2014
La perla del Caribe.
Ya tengo un momento que voy a atesorar hasta el día en que me muera. Hay muchos en mi vida, pero este momento lo disfruté muchísimo. En mi lecho de muerte, de seguro, lo recordaré y moriré con una sonrisa.
Porque puedo decir que estuve en La Habana, en el bar la Floridita, aquel en el que Hemingway se sentaba a tomar su daiquiri sin azúcar (era diabético) y a escribir París era una fiesta. Ahí mismo estaba yo, tomando un ron, mientras sonaba Dos gardenias. Y, de repente, el mozo avisa que van a llegar los bisnietos del Ernest a conocer el lugar.
Lo curioso es que ya había olvidado que ese bar existía. En algún momento había guardado el dato en la memoria, pero al llegar a la Habana lo había olvidado. Caminado por sus calles, miré hacia arriba y vi la firma de Hemingway en un cartel y lo recordé. Y entré. De casualidad. Y, de casualidad, ese mismo día, cayeron sus bisnietos.
Así es, una de las tantas sorpresas gratas con las que me sorprendió esa ciudad que alguna vez llamaron La perla del caribe.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Descargo.
Quiero cultivar el amor por las causas colectivas,
el amor por la vocación,
el amor por todo aquello que me apasiona.
Todo lo demás es pasajero, efímero, finito.
Pasa.
Pasa, descoloca, decepciona.
Todo lo demás, pasa.
Todo lo demás, me chupa un huevo.
el amor por la vocación,
el amor por todo aquello que me apasiona.
Todo lo demás es pasajero, efímero, finito.
Pasa.
Pasa, descoloca, decepciona.
Todo lo demás, pasa.
Todo lo demás, me chupa un huevo.
Lluvia del trópico.
El amor es lluvia del trópico:
un cielo despejado en principio,
un cielo que se vuelve gris luego,
nubes y más nubes
y rayos que las parten de repente.
El amor parece lluvia del trópico:
súbita, incesante, infinita por un rato.
Acomete de golpe
moja
y se termina.
Después, todo queda tan seco como antes.
un cielo despejado en principio,
un cielo que se vuelve gris luego,
nubes y más nubes
y rayos que las parten de repente.
El amor parece lluvia del trópico:
súbita, incesante, infinita por un rato.
Acomete de golpe
moja
y se termina.
Después, todo queda tan seco como antes.
lunes, 8 de septiembre de 2014
La flor del henequén.
Todo lo que se termina deja un sabor amargo.
Quizás porque anticipa el paso apretado de la muerte
que se nos viene inexorable y apurada
o porque nos recuerda cómo lo bello se pudre rápido
como la flor del henequén
que nace y muere hermosa en una noche.
O, simplemente,
porque nos hunde en delirios imposibles
del qué podría haber pasado
si
todo lo que se terminara
no se hubiera terminado
si durara más tiempo
-para siempre
o un minuto más-
y nos llenara de mieles la garganta
y el cuerpo entero
en lugar de empaparnos de esos delirios
esos sabores
esas muertes
y esos miedos
que nos deja
todo aquello que se termina.
Quizás porque anticipa el paso apretado de la muerte
que se nos viene inexorable y apurada
o porque nos recuerda cómo lo bello se pudre rápido
como la flor del henequén
que nace y muere hermosa en una noche.
O, simplemente,
porque nos hunde en delirios imposibles
del qué podría haber pasado
si
todo lo que se terminara
no se hubiera terminado
si durara más tiempo
-para siempre
o un minuto más-
y nos llenara de mieles la garganta
y el cuerpo entero
en lugar de empaparnos de esos delirios
esos sabores
esas muertes
y esos miedos
que nos deja
todo aquello que se termina.
sábado, 31 de mayo de 2014
El secreto de Virgilio-
Sucede que tengo que hacer una monografía para una materia que estoy cursando: Literatura Latinoamericana II.
Sucede que esta monografía debe ser sobre una novela muy interesante: ¨La carne de René¨, del cubano Virgilio Piñera.
Sucede, también, que tengo muchas ideas al respecto pero me cuesta centrarme en una, elaborar una hipótesis y ponerme a escribir.
Si me preguntan, describiría a la novela de Virgilio como ¨perturbadora¨. La literatura que perturba me atrae especialmente.
Por eso, quizás, me gusta el Marqués y Masoch.
Me gustan las situaciones absurdas, grotescas, hiperbólicas que estos buenos escritores presentan en sus obras.
Bueno, voy a escribir un poco acá para salir de la inercia de la página en blanco.
Me interesa la noción de literatura que Virgilio propone en su lectura sobre Kafka.
Algo así como que el gran valor de Kafka en tanto escritor es ser sólo un literato. Proponer en su literatura ciertas invenciones que deben leerse sólo como eso: invenciones literarias. Nada más. Las cosas son y no hay verdad alguna que interpretar detrás de ellas (como diría Pessoa en alguno de sus poemas)
Entonces, todas las situaciones descabelladas y truncas que propone La carne de René, serían eso. Artilugios ficcionales. Nada hay detrás de esos artilugios. Ninguna metáfora, ninguna alusión a cargas de actualidad. Ninguna crítica a ninguna sociedad ni a ningún status quo.
Pero, no sé. Es tan vasta y tan rica la novela que puede abordarse por muchos lados.
Eso me apabulla.
Sucede que esta monografía debe ser sobre una novela muy interesante: ¨La carne de René¨, del cubano Virgilio Piñera.
Sucede, también, que tengo muchas ideas al respecto pero me cuesta centrarme en una, elaborar una hipótesis y ponerme a escribir.
Si me preguntan, describiría a la novela de Virgilio como ¨perturbadora¨. La literatura que perturba me atrae especialmente.
Por eso, quizás, me gusta el Marqués y Masoch.
Me gustan las situaciones absurdas, grotescas, hiperbólicas que estos buenos escritores presentan en sus obras.
Bueno, voy a escribir un poco acá para salir de la inercia de la página en blanco.
Me interesa la noción de literatura que Virgilio propone en su lectura sobre Kafka.
Algo así como que el gran valor de Kafka en tanto escritor es ser sólo un literato. Proponer en su literatura ciertas invenciones que deben leerse sólo como eso: invenciones literarias. Nada más. Las cosas son y no hay verdad alguna que interpretar detrás de ellas (como diría Pessoa en alguno de sus poemas)
Entonces, todas las situaciones descabelladas y truncas que propone La carne de René, serían eso. Artilugios ficcionales. Nada hay detrás de esos artilugios. Ninguna metáfora, ninguna alusión a cargas de actualidad. Ninguna crítica a ninguna sociedad ni a ningún status quo.
Pero, no sé. Es tan vasta y tan rica la novela que puede abordarse por muchos lados.
Eso me apabulla.
domingo, 25 de mayo de 2014
Con esto me basta.
No tengo mucha imaginación.
Pero me gusta observar.
Y algunos buenos títulos se me ocurren.
Tal vez sea una escritora de títulos.
Con eso me basta.
Con eso y con toda la gente que me rodea, podría escribir muy buenas historias.
Veremos qué sale.
Pero me gusta observar.
Y algunos buenos títulos se me ocurren.
Tal vez sea una escritora de títulos.
Con eso me basta.
Con eso y con toda la gente que me rodea, podría escribir muy buenas historias.
Veremos qué sale.
El hombre que fumaba y leía Machado de Assís.
El hombre que fumaba y leía Machado de Assís me dijo, hace unos meses:
-hoy es un día que no me tendría que haber levantado-.
Estaba estresado por algunas situaciones de su cotidianidad. Me contaba, sentado en el sillón más cómodo de mi casa, que se sentía mal con su vida. Y me preguntaba si era un fracasado.
-Claro que no- le dije. Le enumeré una serie de lo que a mí me parecían sus logros.
El hombre que fumaba y leía Machado de Assís me dijo que tendría que escribir una novela sobre su vida.
Ciertamente. Sería un muy buen personaje.
Atribulado, brillante. A veces (bueno, siempre) se ahoga en un vaso de agua.
Luego se fue y cuando llegó a su casa me llamó. Me dijo que mejor no pusiera que leía a Machado de Assís. Mejor, algún autor del canon occidental.
Aún hoy, sigo pensando qué podría leer el hombre que fumaba, en esta novela mía que probablemente no escribiré nunca.
-hoy es un día que no me tendría que haber levantado-.
Estaba estresado por algunas situaciones de su cotidianidad. Me contaba, sentado en el sillón más cómodo de mi casa, que se sentía mal con su vida. Y me preguntaba si era un fracasado.
-Claro que no- le dije. Le enumeré una serie de lo que a mí me parecían sus logros.
El hombre que fumaba y leía Machado de Assís me dijo que tendría que escribir una novela sobre su vida.
Ciertamente. Sería un muy buen personaje.
Atribulado, brillante. A veces (bueno, siempre) se ahoga en un vaso de agua.
Luego se fue y cuando llegó a su casa me llamó. Me dijo que mejor no pusiera que leía a Machado de Assís. Mejor, algún autor del canon occidental.
Aún hoy, sigo pensando qué podría leer el hombre que fumaba, en esta novela mía que probablemente no escribiré nunca.
lunes, 19 de mayo de 2014
Adiós a los tiempos felices.
Iba en el 26, leyendo una novela que probablemente no terminaré en lo sucesivo, y me acordé que soñé con mi abuela.
No me parece casual que sus cenizas sobrevuelen mi inconsciente justo en este momento de mi vida.
Así es. Soñé con E. Iba en el 26 y me acordé que soñé con ella. Cerré la novela y me puse a recordar el sueño. También, en cómo iba a escribirlo. Porque quiero escribirlo. No quiero que se me pierda.
De nuevo, no me parece casual que me haya venido a visitar en sueños.
Llegué a casa, prendí un cigarrillo (porque eso tienen que hacer los escritores cuando escriben, fumar) y me puse a escribir.
El sueño era algo así.
Mi abuela estaba acostada en su cama, hablando con una amiga mía. Yo me ponía contenta porque mi abuela estaba hablando. Esa era una característica muy suya -hablar- y hacia el final de su vida, E. la perdió.
Mi abuela siempre estaba acostada en la cama. Estuvo veinte años acostada en su cama porque ya no podía caminar. Claro que un poco se movía. Pero la mayor parte del día estaba en la cama, en su cuarto, en su casa, en Haedo.
Me gustaría detenerme un poco en ese cuarto. La cama ocupaba el centro. Así como E. ocupaba el centro de nuestras vidas, su cama ocupaba el centro del cuarto. Y ella en esa cama, en el centro.
Era una cama de dos plazas, estilo Luis XV -eso decía mi abuela-.
Una mesita de luz a cada lado. En una, su velador. En el cajón de esa mesita de luz, E. guardaba todos sus papeles importantes: su documento, la foto de mi abuelo, algunas cartas que él le escribió. En la otra mesita, había un desfile de estatuitas de santos. El sagrado corazón de jesús, san cayetano, san expedito. Y una foto de mi abuelo, muerto hace muchos muchos años.
Arriba del respaldo de su cama, en la pared, un cuadro, también del sangrado corazón de jesús. Y un ramo de olivo -a veces seco, a veces fresco, dependiendo de qué tan cerca se estaba de la pascua.
Mi abuela, en la cama, hablando con mi amiga.
Hablaban.
Mi amiga le contaba que yo me iba a ir a México en unos meses. E. me miró y me dijo (porque de repente yo estaba sentada al costado de su cama): ¨a México¨.
Después, yo estaba con mi abuela preparando unos sánguches. Comíamos aceitunas. Yo le decía que las aceitunas estaban muy buenas. Y ella asentía. Hablábamos. Yo me ponía contenta porque ella estaba comiendo. Comer era algo que le gustaba mucho a E. y, de nuevo, hacia el final de su vida dejó de comer. Había que hacer malabares para que comiera.
En el sueño, yo sabía que se trataba de un sueño. Me acordaba que mi abuela estaba enferma y que ya no hablaba ni comía. Me desperté y recordé que ya se había muerto. Pero en el sueño estaba conmigo, comía, hablaba y se enteraba de que yo me iba a ir a México.
**
En el colectivo venía pensando en todo esto y me acordé que ayer, en la librería donde trabaja D., me puse a mirar un libro de una señora que contaba sus viajes a distintos cementerios del mundo. Me indignó un poco que esa porquería se publicara: una prosa muy llana, con unas fotos muy malas, que ya iba por la segunda edición. Bueno, cosas que pasan.
Recuerdo que sonreí y me dije que en unos meses podría yo también visitar algún cementerio mexicano. Que conocería a algunos muertitos mexicanos y le podría sacar fotos a sus lápidas y demases.
Entonces, en el colectivo, pensé que podría inventar algún relato de cementerio, inventar un cementerio y sus muertos y sus historias y sus lápidas y sus epitafios, y escribir algo al respecto.
Luego recordé algunos muertos de mi vida:
mi abuela, don cholo, leonor, su marido.
Y pensé que podría escribir sus vidas, recordar algunas cosas, inventar otras.
**
Caminando por Goyena me di cuenta de que no es necesario inventar demasiado. Mi imaginación no es muy prolífica. Pero me gusta mirar y recordar y escribir.
Creo que la escritura nos puede salvar del olvido.
No me parece casual que sus cenizas sobrevuelen mi inconsciente justo en este momento de mi vida.
Así es. Soñé con E. Iba en el 26 y me acordé que soñé con ella. Cerré la novela y me puse a recordar el sueño. También, en cómo iba a escribirlo. Porque quiero escribirlo. No quiero que se me pierda.
De nuevo, no me parece casual que me haya venido a visitar en sueños.
Llegué a casa, prendí un cigarrillo (porque eso tienen que hacer los escritores cuando escriben, fumar) y me puse a escribir.
El sueño era algo así.
Mi abuela estaba acostada en su cama, hablando con una amiga mía. Yo me ponía contenta porque mi abuela estaba hablando. Esa era una característica muy suya -hablar- y hacia el final de su vida, E. la perdió.
Mi abuela siempre estaba acostada en la cama. Estuvo veinte años acostada en su cama porque ya no podía caminar. Claro que un poco se movía. Pero la mayor parte del día estaba en la cama, en su cuarto, en su casa, en Haedo.
Me gustaría detenerme un poco en ese cuarto. La cama ocupaba el centro. Así como E. ocupaba el centro de nuestras vidas, su cama ocupaba el centro del cuarto. Y ella en esa cama, en el centro.
Era una cama de dos plazas, estilo Luis XV -eso decía mi abuela-.
Una mesita de luz a cada lado. En una, su velador. En el cajón de esa mesita de luz, E. guardaba todos sus papeles importantes: su documento, la foto de mi abuelo, algunas cartas que él le escribió. En la otra mesita, había un desfile de estatuitas de santos. El sagrado corazón de jesús, san cayetano, san expedito. Y una foto de mi abuelo, muerto hace muchos muchos años.
Arriba del respaldo de su cama, en la pared, un cuadro, también del sangrado corazón de jesús. Y un ramo de olivo -a veces seco, a veces fresco, dependiendo de qué tan cerca se estaba de la pascua.
Mi abuela, en la cama, hablando con mi amiga.
Hablaban.
Mi amiga le contaba que yo me iba a ir a México en unos meses. E. me miró y me dijo (porque de repente yo estaba sentada al costado de su cama): ¨a México¨.
Después, yo estaba con mi abuela preparando unos sánguches. Comíamos aceitunas. Yo le decía que las aceitunas estaban muy buenas. Y ella asentía. Hablábamos. Yo me ponía contenta porque ella estaba comiendo. Comer era algo que le gustaba mucho a E. y, de nuevo, hacia el final de su vida dejó de comer. Había que hacer malabares para que comiera.
En el sueño, yo sabía que se trataba de un sueño. Me acordaba que mi abuela estaba enferma y que ya no hablaba ni comía. Me desperté y recordé que ya se había muerto. Pero en el sueño estaba conmigo, comía, hablaba y se enteraba de que yo me iba a ir a México.
**
En el colectivo venía pensando en todo esto y me acordé que ayer, en la librería donde trabaja D., me puse a mirar un libro de una señora que contaba sus viajes a distintos cementerios del mundo. Me indignó un poco que esa porquería se publicara: una prosa muy llana, con unas fotos muy malas, que ya iba por la segunda edición. Bueno, cosas que pasan.
Recuerdo que sonreí y me dije que en unos meses podría yo también visitar algún cementerio mexicano. Que conocería a algunos muertitos mexicanos y le podría sacar fotos a sus lápidas y demases.
Entonces, en el colectivo, pensé que podría inventar algún relato de cementerio, inventar un cementerio y sus muertos y sus historias y sus lápidas y sus epitafios, y escribir algo al respecto.
Luego recordé algunos muertos de mi vida:
mi abuela, don cholo, leonor, su marido.
Y pensé que podría escribir sus vidas, recordar algunas cosas, inventar otras.
**
Caminando por Goyena me di cuenta de que no es necesario inventar demasiado. Mi imaginación no es muy prolífica. Pero me gusta mirar y recordar y escribir.
Creo que la escritura nos puede salvar del olvido.
domingo, 4 de mayo de 2014
Hoy es una noche.
Hoy es una noche
para celebrar los triunfos cotidianos
triunfos perennes de felicidad solapada:
los libros
las locuras
los amigos
los amores
los terrores que ya no están.
para celebrar los triunfos cotidianos
triunfos perennes de felicidad solapada:
los libros
las locuras
los amigos
los amores
los terrores que ya no están.
jueves, 13 de marzo de 2014
Hay una madrugada interminable
de luces miopes
que alumbran las hojas de un árbol
cuyo nombre no conozco
en una madrugada interminable
de lamentos ahogados
y reproches sordos
-tantas veces repetidos-
pero sordos y ahogados
en la madrugada interminable
de los árboles desconocidos
y los pasos apurados
de un caminante que sueña
en esas madrugadas
-miopes e interminables-
que algo tiene sentido
que los lamentos ya no existen
que los reproches ya no existen
de luces miopes
que alumbran las hojas de un árbol
cuyo nombre no conozco
en una madrugada interminable
de lamentos ahogados
y reproches sordos
-tantas veces repetidos-
pero sordos y ahogados
en la madrugada interminable
de los árboles desconocidos
y los pasos apurados
de un caminante que sueña
en esas madrugadas
-miopes e interminables-
que algo tiene sentido
que los lamentos ya no existen
que los reproches ya no existen
martes, 18 de febrero de 2014
Las cosas que hay que dejar ir.
Estoy pensando
en las cosas que hay que dejar ir:
los sentimientos inverosímiles
y las tristezas añejas,
que al contrario del vino
no mejoran con el tiempo.
Pensando en lo que hay que dejar ir:
las obsesiones que se adelgazan
con los días que pasan de a poco
como toda esa gente adelante de uno
en la fila del supermercado.
en las cosas que hay que dejar ir:
los sentimientos inverosímiles
y las tristezas añejas,
que al contrario del vino
no mejoran con el tiempo.
Pensando en lo que hay que dejar ir:
las obsesiones que se adelgazan
con los días que pasan de a poco
como toda esa gente adelante de uno
en la fila del supermercado.
martes, 21 de enero de 2014
Basofia autobiográfica.
me desagrada hablar sobre el amor,
de sus felicidades rosas
y sus parafernalias de encaje;
más aún,
me desagrada hablar sobre el desamor
de sus locuras intempestivas
sus sufrimientos vacíos
y sus escenas repetidas;
aunque hoy
sobre eso quiero hablar:
de los veintitantos cigarrillos que se me esfumaron en la espera
de los mazazos incesantes a mi psiquis desvalida
de los cortes que yo misma le hice a mis piernas
los golpes que yo misma le di a mi cabeza
y esas pastillas que me tomé para dormir
en ese afán inútil
de dejar de sentir
(aunque sea un poquito)
ese afán inútil
de dejar de sentir
aquel vacío
que no puede llenarse con nada.
ese vacío que se desgarra de repente
(hasta el momento controlado, olvidado
pero que se desgarra de repente)
y que no puede llenarse con nada.
de sus felicidades rosas
y sus parafernalias de encaje;
más aún,
me desagrada hablar sobre el desamor
de sus locuras intempestivas
sus sufrimientos vacíos
y sus escenas repetidas;
aunque hoy
sobre eso quiero hablar:
de los veintitantos cigarrillos que se me esfumaron en la espera
de los mazazos incesantes a mi psiquis desvalida
de los cortes que yo misma le hice a mis piernas
los golpes que yo misma le di a mi cabeza
y esas pastillas que me tomé para dormir
en ese afán inútil
de dejar de sentir
(aunque sea un poquito)
ese afán inútil
de dejar de sentir
aquel vacío
que no puede llenarse con nada.
ese vacío que se desgarra de repente
(hasta el momento controlado, olvidado
pero que se desgarra de repente)
y que no puede llenarse con nada.
lunes, 20 de enero de 2014
La paz de los muertitos.
Quiero una paz de ultratumba:
la paz de los muertitos
juntitos y acostados
en sus casas de mármol y cristal.
Quiero la paz de los muertitos:
ese viento que acaricia sus cruces,
los árboles que las coronan
y las palabras de amor póstumo
que cuentan sus placas.
Quiero la paz de lo muertos,
la paz de esos muertitos
juntitos y acostados
en sus casitas que el tiempo olvidó.
Algún día voy a estar con ellos, yo también
(muertita y acostada)
pero todavía no.
Por eso,
quiero la paz de los muertitos
dormir con ellos,
dormir como ellos,
pudriéndome.
la paz de los muertitos
juntitos y acostados
en sus casas de mármol y cristal.
Quiero la paz de los muertitos:
ese viento que acaricia sus cruces,
los árboles que las coronan
y las palabras de amor póstumo
que cuentan sus placas.
Quiero la paz de lo muertos,
la paz de esos muertitos
juntitos y acostados
en sus casitas que el tiempo olvidó.
Algún día voy a estar con ellos, yo también
(muertita y acostada)
pero todavía no.
Por eso,
quiero la paz de los muertitos
dormir con ellos,
dormir como ellos,
pudriéndome.
viernes, 17 de enero de 2014
se muere.
el punto en que hasta la desesperación pierde el sentido
se esfuma, se extingue
se repite hasta el cansancio y muere
(como decir muchas veces una palabra)
desnuda la desesperación
despojada de su disfraz
se muere
se deshoja y muere
como la angustia y el temor
pierden su sentido
en la repetición infinita
en la locura infinita
de una cabeza que no para de pensar.
se esfuma, se extingue
se repite hasta el cansancio y muere
(como decir muchas veces una palabra)
desnuda la desesperación
despojada de su disfraz
se muere
se deshoja y muere
como la angustia y el temor
pierden su sentido
en la repetición infinita
en la locura infinita
de una cabeza que no para de pensar.
Si.
si todo eso es cierto
(más que un recuerdo que se escurre)
si todos esos golpes fueron ciertos
(algunas cicatrices los confirman)
si todos esos pelos arrancados fueron ciertos
si ese gran hijo de puta fue verdad
si existió
si me cogió
si alguna vez dijo que me amaba
si todo eso fue cierto
ya no queda más que odiar
odiar profunda y sinceramente
(odiarlo)
y matarlo mil veces en mil fantasías sangrantes
penetrantes/liberadoras/sugerentes
matarlo y volverlo a matar
que se muera y se levante
para volverlo a matar
(me pregunto si alguna vez el lenguaje me dejará odiarlo como se merece/matarlo como se merece/torturarlo como se merece, a él, al gran hijo de puta)
(más que un recuerdo que se escurre)
si todos esos golpes fueron ciertos
(algunas cicatrices los confirman)
si todos esos pelos arrancados fueron ciertos
si ese gran hijo de puta fue verdad
si existió
si me cogió
si alguna vez dijo que me amaba
si todo eso fue cierto
ya no queda más que odiar
odiar profunda y sinceramente
(odiarlo)
y matarlo mil veces en mil fantasías sangrantes
penetrantes/liberadoras/sugerentes
matarlo y volverlo a matar
que se muera y se levante
para volverlo a matar
(me pregunto si alguna vez el lenguaje me dejará odiarlo como se merece/matarlo como se merece/torturarlo como se merece, a él, al gran hijo de puta)
miércoles, 15 de enero de 2014
dónde estarás ahora?
dónde estarás ahora?
tus cenizas ya lo sé
pero dónde estarás ahora?
qué estarás haciendo, querida mía.
queridísima, ferrea, locuaz conducta de mis cotidianidades
dónde estarás ahora?
y qué estarás haciendo?
tus cenizas, muertita mía
ya lo sé
allá abajo, con las otras
de ese amado tuyo que tus palabras rescataron para mí.
dónde estarás ahora?
qué estarás pensando? (pensarás?)
tus cenizas ya lo sé
ahí abajo, desplomadas, enterradas
(mis manos las pusieron ahí, me acuerdo)
dónde estarás ahora?
sabrás que te extraño?
sabrás que hay algo tuyo en mí?
(seguro lo sabés, eras una gran adoctrinadora)
eras un dedito de fernet, un chiste a la noche
un abrazo a la mañana
un karinita, un dame los dientes,
un taza, taza, cada uno a su casa
un todo eso que nadie sabe pero yo sí
y ese temor mío de que se me pierda tu recuerdo.
tus cenizas ya lo sé
pero dónde estarás ahora?
qué estarás haciendo, querida mía.
queridísima, ferrea, locuaz conducta de mis cotidianidades
dónde estarás ahora?
y qué estarás haciendo?
tus cenizas, muertita mía
ya lo sé
allá abajo, con las otras
de ese amado tuyo que tus palabras rescataron para mí.
dónde estarás ahora?
qué estarás pensando? (pensarás?)
tus cenizas ya lo sé
ahí abajo, desplomadas, enterradas
(mis manos las pusieron ahí, me acuerdo)
dónde estarás ahora?
sabrás que te extraño?
sabrás que hay algo tuyo en mí?
(seguro lo sabés, eras una gran adoctrinadora)
eras un dedito de fernet, un chiste a la noche
un abrazo a la mañana
un karinita, un dame los dientes,
un taza, taza, cada uno a su casa
un todo eso que nadie sabe pero yo sí
y ese temor mío de que se me pierda tu recuerdo.
martes, 14 de enero de 2014
se murió alguien.
se murió alguien/se fue/se esfumó
y las palabras siguen acá y allá.
hace un rato se murió alguien
se fue alguien
se esfumó alguien
pero las palabras siguen
acá y allá.
no hay sólo palabras
sino tantas cosas adentro de ellas
adentro y afuera
acá y allá
tantos amores y sueños arrebatados
porque se murió alguien
se fue alguien
se esfumó alguien
no hay sólo palabras;
hay hacer perenne algo que ya no está
hay seguir amando con ellas
luchando con ellas
viviendo en ellas
aunque se murió alguien
se fue
se esfumó
ya no está.
y las palabras siguen acá y allá.
hace un rato se murió alguien
se fue alguien
se esfumó alguien
pero las palabras siguen
acá y allá.
no hay sólo palabras
sino tantas cosas adentro de ellas
adentro y afuera
acá y allá
tantos amores y sueños arrebatados
porque se murió alguien
se fue alguien
se esfumó alguien
no hay sólo palabras;
hay hacer perenne algo que ya no está
hay seguir amando con ellas
luchando con ellas
viviendo en ellas
aunque se murió alguien
se fue
se esfumó
ya no está.
miércoles, 8 de enero de 2014
Adentro y afuera.
Era un día de mierda adentro de su cabeza. Y hacía mucho calor (el calor enloquece a cualquiera, pensó)
(por eso ando tan limado, pensó)
Era un día de mierda adentro de su cabeza
y afuera el calor que le aplastaba el cuerpo.
Tenía que ir a hacer unos trámites (de mierda, pensó)
Llegó. A uno de esos edificios grises que le chupan la alegría a cualquiera, llegó.
Se sentó en una silla (que seguro había sido blanca alguna vez, pero ahora no sabía bien de qué color era).
La silla de mierda estaba toda destartalada. Llegó. Se sentó. Casi se cae. Haciendo una maniobra extraña mantuvo el equilibrio (espero que no me haya visto nadie, pensó, qué vergüenza, pensó).
Al toque la silla de adelante se desocupó. La miró. Ésta no estaba tan hecha mierda.
Entonces se paró. Antes de sentarse, vio que arriba de la silla había un pelito chiquitito, cortito. Parecía un pendejo. Lo pensó dos segundos y se sentó (ya fue, me senté arriba de un pendejo, pensó, prefiero eso a caerme, pensó).
Esperó. Tenía un ventilador al lado que no paraba de hacer ruido. Giraba, giraba, y no paraba de hacer ruido (como la turbina de un avión del año del pedo, pensó).
Adelante otras filas de sillas destartaladas y de color indefinido. Otras personas. Unos boxes grises.
Abajo, el piso de parquet, un poco sucio, viejo y un poco sucio. Algún que otro papelito tirado por ahí.
Se percató de la mugre ancestral pegada en las patas de los escritorios (seguro que esa mugre está ahí hace como treinta años, pensó).
Arriba, el cartel del turno y de números rojos. No se movía nunca. Y el ventilador, al lado, que no paraba de hacer ruido.
(seguro me morí y estoy en el infierno, pensó)
Miró el celular. Titilaba la lucecita roja (de mierda, pensó)
Miró el celular, la lucecita roja y ella que no escribe. Una notificación pedorra de alguna pelotudez cualquiera (y ella que no escribe, pensó)
Le dieron ganas de estrolar el celular contra el piso (celular del orto, pensó).
Arriba, el cartel rojo inmóvil y una grieta en la pintura (la cicatriz del techo, pensó)
De nuevo la lucecita y de nuevo ella que no escribe (la concha de su madre, pensó)
Esto es el infierno, pensó.
La lucecita y ella que no escribe, pensó.
Un día de mierda, adentro y afuera de su cabeza.
Es demasiado para un hombre solo, pensó.
(por eso ando tan limado, pensó)
Era un día de mierda adentro de su cabeza
y afuera el calor que le aplastaba el cuerpo.
Tenía que ir a hacer unos trámites (de mierda, pensó)
Llegó. A uno de esos edificios grises que le chupan la alegría a cualquiera, llegó.
Se sentó en una silla (que seguro había sido blanca alguna vez, pero ahora no sabía bien de qué color era).
La silla de mierda estaba toda destartalada. Llegó. Se sentó. Casi se cae. Haciendo una maniobra extraña mantuvo el equilibrio (espero que no me haya visto nadie, pensó, qué vergüenza, pensó).
Al toque la silla de adelante se desocupó. La miró. Ésta no estaba tan hecha mierda.
Entonces se paró. Antes de sentarse, vio que arriba de la silla había un pelito chiquitito, cortito. Parecía un pendejo. Lo pensó dos segundos y se sentó (ya fue, me senté arriba de un pendejo, pensó, prefiero eso a caerme, pensó).
Esperó. Tenía un ventilador al lado que no paraba de hacer ruido. Giraba, giraba, y no paraba de hacer ruido (como la turbina de un avión del año del pedo, pensó).
Adelante otras filas de sillas destartaladas y de color indefinido. Otras personas. Unos boxes grises.
Abajo, el piso de parquet, un poco sucio, viejo y un poco sucio. Algún que otro papelito tirado por ahí.
Se percató de la mugre ancestral pegada en las patas de los escritorios (seguro que esa mugre está ahí hace como treinta años, pensó).
Arriba, el cartel del turno y de números rojos. No se movía nunca. Y el ventilador, al lado, que no paraba de hacer ruido.
(seguro me morí y estoy en el infierno, pensó)
Miró el celular. Titilaba la lucecita roja (de mierda, pensó)
Miró el celular, la lucecita roja y ella que no escribe. Una notificación pedorra de alguna pelotudez cualquiera (y ella que no escribe, pensó)
Le dieron ganas de estrolar el celular contra el piso (celular del orto, pensó).
Arriba, el cartel rojo inmóvil y una grieta en la pintura (la cicatriz del techo, pensó)
De nuevo la lucecita y de nuevo ella que no escribe (la concha de su madre, pensó)
Esto es el infierno, pensó.
La lucecita y ella que no escribe, pensó.
Un día de mierda, adentro y afuera de su cabeza.
Es demasiado para un hombre solo, pensó.
cut that shit.
you know, mama
oh mama, you know
cutting the shit
ain´t easy, mama
cutting the shit
little by little
ripping the anguish
off my chest, mama
you know is hard
hard workd, mama
oh, you know
y lo sabés bien,
porque la angustia
es una mano desquiciada
que me quiere arrancar el esternón
y todos los colores del alma;
is a hard work, mama
oh, you know.
oh mama, you know
cutting the shit
ain´t easy, mama
cutting the shit
little by little
ripping the anguish
off my chest, mama
you know is hard
hard workd, mama
oh, you know
y lo sabés bien,
porque la angustia
es una mano desquiciada
que me quiere arrancar el esternón
y todos los colores del alma;
is a hard work, mama
oh, you know.
sábado, 4 de enero de 2014
Por qué quiero ser la mejor amiga de Kaspar Hauser.
Ayer tuve mi iniciación con Herzog.
Ustedes verán, una de mis promesas para el 2014 fue mirar más películas. Más de esas películas en las que te quedás pensando, mucho tiempo después de terminarlas de ver, en detalles, escenas, diálogos, imágenes. De esas películas que son como libros.
Así que ayer miré ¨El extraño enigma de Kaspar Hauser¨.
Me llamó la atención que el título original, en alemán, no tenía nada que ver con lo que se tradujo al español. ¨Jeder für sich und Gott gegen alle¨ significa algo como: ¨Cada cual para sí y dios en contra de todos¨.
Primer detalle. El detalle de la traducción.
Segundo detalle. Elegí esta película porque me hizo acordar a Chomsky. En realidad, me hizo acordar a lo que decía Chomsky sobre la adquisición del lenguaje. La historia de la película es ésa: un hombre que estuvo encerrado mucho tiempo en un sótano, sin contacto humano alguno y que, por supuesto, no sabe hablar. Ni hablar, ni pensar, ni imaginar, ni soñar, ni representarse el espacio o el tiempo. Nada de nada.
Tercer detalle. Podremos despotricar todo lo que queramos en contra de la sociedad y sus estructuras, pero sin otros seres humanos estamos re cagados.
Ahora bien. Un buen día a Kaspar lo liberan y lo dejan en un pueblo. Se arma un gran revuelo. Nadie sabe bien qué hacer con él. Primero lo encierran en un loquero, pero se dan cuenta de que no está loco. La policía lo trata de interrogar, bien a lo rati, usando la fuerza, pero al final se dan cuenta de que eso tampoco sirve. Porque Kaspar no sabe hablar. Entonces un buen hombre que tiene una suerte de hospicio para -¿cómo decirlo?- los lúmpenes descamisados del siglo XIX, se lo lleva con él. En dos años, Kaspar aprende a hablar, a pensar, a diferenciar los sueños de la ¨realidad¨, a interactuar con las personas.
No quiero contar toda la película, sino solamente algunas cosas que me flashearon:
1- Kaspar se lleva re bien con los chicos. Cuando empieza con su aprendizaje, es un nene el que le enseña sus primeras palabras;
2- Dos clérigos le tratan de enseñar lo que es la idea de dios. Como Kaspar no la entiende, le dicen que lo único que le queda es la fe. No estoy muy segura de si entendió qué era eso de la fe, tampoco;
3- Un día lo visita un lógico (esta escena es fantástica). El lógico quiere saber si Kaspar puede pensar lógicamente. Entonces le plantea un problema. Hay dos pueblos. Uno habitado sólo por mentirosos; otro por gente que sólo dice la verdad. Un viajante se cruza con un habitante de cada pueblo y les puede hacer sólo una pregunta para saber de qué pueblo vienen. El problema del lógico es, entonces, ¿qué pregunta hacer para saber de qué pueblo viene cada uno?. Como Kaspar no le responde, el lógico -bastante engreído- le dice que hay que aplicar una doble negación en la pregunta, para forzar al mentiroso a decir la verdad. Ni entendí esa respuesta. Pero Kaspar le propone algo genial: yo sé otra pregunta, le preguntaría si es una rana; el mentiroso diría que sí, el que dice la verdad diría que no. Simple, creativo, hasta poético casi.
4- Kaspar no se puede representar el espacio; claro, sin lenguaje, ¿qué representación del espacio se podía hacer?. Su maestro le muestra una torre y Kaspar le dice: la debe haber construido un gigante. Luego, el maestro le explica que él estuvo en una de las habitaciones de la torre. Kaspar no puede creer que la torre sea más grande que la habitación: porque cuando estaba en la habitación, miraba para todos lados y había habitación, en cambio ahora miro la torre y cuando miro hacia atrás o hacia la derecha o la izquierda, no hay torre sino otras cosas.
5- Kaspar le pregunta a una mujer: ¿por qué las mujeres no se mueven, sólo están cosiendo o cocinando?. Ella no supo qué contestarle.
6- Kaspar tuvo un sueño. Soñó que había gente subiendo y bajando una montaña, rodeada de neblina. En la cima estaba la muerte.
7- Kaspar se sabe de memoria una historia sobre unos beduinos en el desierto, pero sólo puede contar el principio.
Creo que por esas razones y algunas otras más, me encantaría ser la mejor amiga de Kaspar Hauser y seguir viendo películas de Herzog
(quien, por su parte, no se llamaba así; se inventó el nombre y era autodidacta, también)
viernes, 3 de enero de 2014
la pequeña victoria
el click de la fujica cuando saca la foto
una percusión lejana
voces lejas
inescrutables
el click de la fujica cuando saca la foto
irrevelable
insondeable
y ajena
todo eso, todo eso
puede ser una pequeña victoria a la locura-
una percusión lejana
voces lejas
inescrutables
el click de la fujica cuando saca la foto
irrevelable
insondeable
y ajena
todo eso, todo eso
puede ser una pequeña victoria a la locura-
sie sagt
sie sagt que
le gustaría volver al tiempo en que no -
en que - no era medida de su tiempo
en que su tiempo era de ella y de nadie más
en que su vida no era una espera
larga espera
larga, tediosa, larga espera
hacia -
(sie weiß
aber er weiß nicht)
ella dice
that she would like to go back in time
would like to go back in time
when there was no measure but herself
no measure at all
that time when
time was nobody else's but hers
that time when her life
wasn't
a long, tedious
long tedious long wait
for -
(esto que ella sabe y nadie más)
Bitte. Paren este juego que me quiero bajar.
le gustaría volver al tiempo en que no -
en que - no era medida de su tiempo
en que su tiempo era de ella y de nadie más
en que su vida no era una espera
larga espera
larga, tediosa, larga espera
hacia -
(sie weiß
aber er weiß nicht)
ella dice
that she would like to go back in time
would like to go back in time
when there was no measure but herself
no measure at all
that time when
time was nobody else's but hers
that time when her life
wasn't
a long, tedious
long tedious long wait
for -
(esto que ella sabe y nadie más)
Bitte. Paren este juego que me quiero bajar.
jueves, 2 de enero de 2014
me quema como un fuego.
me quema como un fuego
esa mano vieja tuya
arrugada
mano vieja tuya
en uno de sus dedos
dos alianzas
dos anillos
redonditos y dorados
que sé bien
no te lo sacaste nunca-
me quema como un fuego
esa mano vieja tuya
que hace veinte años escribió ahí mi nombre
para que un día yo lo encontrara
sabés bien, sí
que te voy a amar siempre
siempre
hasta que la muerte, el tiempo y la nada nos vuelvan a juntar
ceniza con ceniza
mano con mano
fuego con fuego
(alguna vez, de nuevo, tus caricias)
sabés bien, sí
que te voy a amar siempre
sabés bien, sí
que cualquier boludez me destapa tu recuerdo.
esa mano vieja tuya
arrugada
mano vieja tuya
en uno de sus dedos
dos alianzas
dos anillos
redonditos y dorados
que sé bien
no te lo sacaste nunca-
me quema como un fuego
esa mano vieja tuya
que hace veinte años escribió ahí mi nombre
para que un día yo lo encontrara
sabés bien, sí
que te voy a amar siempre
siempre
hasta que la muerte, el tiempo y la nada nos vuelvan a juntar
ceniza con ceniza
mano con mano
fuego con fuego
(alguna vez, de nuevo, tus caricias)
sabés bien, sí
que te voy a amar siempre
sabés bien, sí
que cualquier boludez me destapa tu recuerdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)