miércoles, 27 de febrero de 2013

Hugo sueña.

Hugo sueña y hay una estación de tren que es el asidero de sus sueños.
La vida lo ha levantado temprano para ir a trabajar.
La fábrica lo espera.
Antes de eso, lo espera el tren, lo espera el viaje, lo espera la espera.
Sentado en un banco de la estación, Hugo sueña.
Se imagina ser otro, se imagina en otra vida.
Se piensa lejos de la cadena de producción, lejos de los horarios de mierda,
lejos de la vil entrega diaria de su plusvalía.
Más lejos aún, se sigue soñando Hugo, de las madrugadas invernales
en que ha salido caminando pisando la escarcha y la ilusión.
Hugo sueña. El cigarrillo en su boca lo acompaña.
Los dientes gastados, la sonrisa amplia.
Su sueño es lejano y simple.
Algún día, tal vez, algún día, pueda tener un trabajo tranquilo -piensa-
Un trabajo sin tarjetas que buchoneen el horario,
ni presentismos perdidos por minutos absurdos,
con un sueldo fijo,
días permitidos para el ocio
y horarios flexibles.

Hugo sueña. Le gustaría ser estatal.





martes, 26 de febrero de 2013

Siempre se puede escribir algo más.

Siempre se puede escribir algo más.
La vida te regala imágenes y sensaciones.
Fríos y prisas por caminar.
Una mañana en que alguien se levantó un poco más tarde (sólo un poco)
y tuvo que caminar la vorágine de unas cuantas cuadras odiosas.
La sonata desesperada de un tren que podría perderse.
Los pasos desparramados y constante en las veredas ya tantas veces recorridas.
Ese frío inusual para esa época del año.
El pecho desnudo y doliente, poco abrigado (es que tendría que haber hecho más calor ese día)

...llegamos a once...

lunes, 25 de febrero de 2013

la mujer madre


Ella, la mujer cautivante, la mujer madura, la mujer madre, piensa en él. Piensa y le escribe:

Quiero escribir mi historia con vos.
Sé que no va a pasar nunca, sería demasiado complicado y a esta altura ya no me le animo a las complicaciones.
Pero me gustás.
Así que puedo imaginar que nos conocemos y que nos amamos un poco y que cogemos (y cogemos bien)
Lástima que a esta historia no le pueda poner todos los detalles que yo quisiera, porque no la pueden leer todos.
Es secreta, como lo que tengo con vos.
(y unilateral, creo)
Me imagino tu boca y la escribo.
Me imagino tus besos, los saboreo, me encanta esa saliva tuya.
Y tus palabras fugaces.
Y tu poesía potente.
Me pregunto si cogerás así, como escribís.

Él, el soldado, el poeta, el anarquista, el hombre de convicciones fuertes, el músico, la desea, aunque todavía no lo sabe del todo.

Al final de la historia, cogen. Ella, la mujer experta, piensa: hay que tener cuidado con lo que se desea, a veces se vuelve realidad. Porque ella ya lo ama y su alma le pertenece por completo.

quiero escribir algo medio porno.

Justo cuando pensaba que la inspiración se había muerto, precoz e irremediablemente.
Justo cuando pensaba que ya no podía escribir.
Ahi, se me ocurrió:

...quiero escribir algo medio porno...

Sí, algo bien sexual. Algo que chorree sexo, que incite las imaginaciones más profundas y voluptuosas.
Una historia de dos personas que cogen. Y que cogen bien, como se debe.

Una historia de deseo, de ese deseo que tan bien entendió Cernuda.
Una historia de cama, de coger gimiendo una pregunta cuya respuesta no existe.
Una historia de carne, una historia de rupturas.
De cosas que a ellos le gustarían que pasaran pero que no van a pasar nunca.

Al final siempre cogen. Desgarrados por la imposibilidad.
Eso alimenta su líbido. El mejor ratoneo que puede haber.
La angustia de saberse separados.
Eso los excita. Eso los mueve a coger.
Por eso cogen bien.

Si se pudieran amar sin tapujos, si su amor estuviera encaminado,
si esa pasión estuviera permitida...
entonces cogerían aburridos, desganados, grisáceos.

qué pasó?

qué pasó con esos cuentos al estilo Cortázar que iba a escribir?
qué pasó con esa teoría político sociológica que iba a pensar?
con ese francés que iba a aprender?
con esa carrera que iba a terminar?
con ese cuerpo que iba a tener?
con lo bien que iba a cantar?
con el piano que iba a tocar?
con esos libros que iba a leer?
con esa persona que iba a ser?
con esos papeles que iba a desempeñar?

qué pasó?

arretez du temp.

paren el tiempo
me gustaría parar y volver.

qué fue de ese amor?

cuando nos conocíamos sufríamos tanto
y nos anhelábamos tanto.

hoy que sos feliz,
se acabó la locura?

extraño a mi amiga.

Extraño a mi amiga.
Y a ese momento de mí en que éramos amigas.
Tal vez sólo al momento.
Porque fue fugaz e irrepetible.
Y porque ya no es ni está.

Pero extraño a mi amiga.
La veo en la protagonista de algunas series de tv.
La veo en los origamis y el crochet.
Extraño nuestras mañanas juntas en ese call center choto.
Donde hablar con ella era una panacea.
El alivio de esa trenza irrefrenable de llamadas y llamadas.

Sí, la extraño.
Me extraño.

el amor estaba en el sarmiento.

(a propósito del tema de qué es la literatura y de dónde sacan los escritores su material para generarla, esta historia se me ocurrió alguna mañana de esas tantas, en el Sarmiento, yendo a trabajar, muy temprano; es sólo un boceto, para que la idea no se pierda)

Ni en las revistas con sus culos hiperbólicos y sus tetas por doquier.
Ni en las telenovelas con sus versiones berretas y estiradas.
Ni en el cielo de Platón ni en su banquete argumental.

Ahí quizás estuvo y está el Amor.

Pero el amor, en cambio, se movía apacible sobre los rieles del sarmiento.
Un día como otros, de mañana.
Estaba ahí. En dos cuerpos que distaban mucho del esquema.
Dos cuerpos que se tocaban, incansables, en el sopor de un beso.
En la pasión de un murmullo tibio en el oído.
En el cariño de una mano que buscaba ávida la nalga de su compañera.


sábado, 16 de febrero de 2013

uno rápido y viejo.

Leé Cernuda que a vos te va a gustar.
Una tarde de primavera, una tarde.
Un teléfono, un parque.
El sol. Mi cuaderno.
Tus besos esquivos.
Lee a Cernuda que a vos te va a gustar -
me dijiste.
Un parque. Un libro. La frase:
El deseo es una pregunta cuya respuesta no existe.

esas cosas siempre se anticipan.

Al final, era cierto.
Todo giraba en torno de lo mismo.
Hace unos años, ya lo había anticipado.
Un día habló con su consciencia y le dijo:
...Tenés que calmarte un poco. Vos siempre pensando en cómo tenés que ser, en el deber ser. Tenés que calmarte y, simplemente, ser...


Éstas no son historias de amor.

(a veces, para escribir, no es necesario inventar nada; a veces, para escribir, con la realidad alcanza)

Algún día ella te va a contar la historia de cómo se conocieron.
Pero por ahora no. Por ahora le saltan a la cabeza otros recuerdos. Imágenes nítidas de cuando ya se le había roto la fábula que se había creado para seguir creyendo que toda esa vida no era una mentira, era una necesidad.
A ver, una...

Adentro estaban Kant y Hegel.

...Me acuerdo de una vez que estábamos cenando con unos amigos de él; estábamos en el departamento de dos de sus amigos (bah, eran sus profesores, una pareja de cincuentones sabios). Entonces, estábamos en el departamento de ellos: S*** y J***. Cada tanto nos invitaban. Una cena en un departamento chiquito y lindo de Vicente López. Se tomaba vino y se hablaba de filosofía. Sí, un embole terrible. Eran los dos profesores cincuentones, que siempre hablaban de Kant y de Hegel, y los compañeros de facultad de él. Ahora que me acuerdo, qué emboles me pegaba! Creo que nunca metí bocado en esas conversaciones. Aunque yo no lo sabía todavía, la filosofía me interesaba muy poco. 

...Bueno, entonces en una de esas cenas, yo me acuerdo que estaba haciendo dieta. Una dieta muy pedorra que sólo podía comer carnes y proteínas, una gilada. Sí, sí, para ese tiempo nosotros ya estábamos viviendo juntos (qué locura hipérbolica esa) Entonces, la tragedia: sirvieron papas fritas. Algo habrá dicho él al respecto pero no me acuerdo. Me acuerdo que miré ese paquete nefando y me fijé las calorías que tenía. No me acuerdo cuántas, pero pensé -bueno, unas papitas no me van a hacer nada-. Vi de reojo la cara de culo automática que ponía cuando yo hacía algo que no le gustaba. No le presté mucha atención.

...Después vino la cena; un arroz integral con salsita y pollo. Estaba bastante bien, no me iba a salir tanto de la dieta. Mientras, él seguía hablando de alguna pelotudez filosófica, insoportablemente aburrida. Cada tanto le tiraba palos a su profesora cincuentona y a alguna de sus compañeras de facultad. Como siempre. Y, como siempre, yo aceptaba callada: ese había sido nuestro trato cuando nos conocimos. Si había algún reproche de mi parte, si había alguna escena de celos de mi parte, él siempre se remitía a aquel contrato original en el que yo -según él- había aceptado, de una vez y para siempre, que él era un seductor innato y que era una necesidad y hasta su deber seducir a cuanta mujer se le cruzara por el camino. 

Vale aclarar: al momento de aquél pacto originario y pedorrísimo, yo tenía unos dieciséis años. Él, unos veintidós. 

...Volviendo al pollo con el arroz integral. Me lo comí todo. Él ya me insinuaba que yo estaba a dieta y que me tenía que cuidar, porque él me había ayudado a hacer la dieta de mierda durante toda la semana y no daba que justo un sábado a la noche me saliera comiendo esas papas fritas traicioneras y ese arroz traidor. Pero bueno, yo ya me había salido, ya no podía volver atrás. Igual, me parece, que hasta ese momento no me había dado cabal cuenta del terrible error que estaba cometiendo al dejarme llevar por mi gula anti-dieta. 

Entonces: la torta.

Una torta de mierda, parecía riquísima. Me la tenía que comer. Creo que probé un bocadito chiquito y mezquino de esa torta maldita. Y ahí la cara de culo se exacerbó al máximo y empezaron los reproches. Él se indignó porque yo me cagaba en toda la ayuda que me había dado para hacer la dieta durante la semana. Me cagaba, como siempre, en lo que él había hecho por mí. No me acuerdo qué más dijo, pero me acuerdo que empezamos a discutir en medio de la cena. Sus amigos nos miraban de reojo y se hacían los boludos -esa actitud que la gente suele adoptar cuando una pareja se pelea.

Y nos fuimos al balcón, a seguir discutiendo. Ya me sentía culpable, triste, indefensa. Sentía que la había errado. Por qué mierda me había comido esa torta que ahora me traía tantos problemas?
Él gritaba y gritaba. Usaba frases filosóficas. Siempre citaba a los grandes filósofos en nuestras discusiones más nimias y pelotudas. 
Me gritaba, me increpaba, me acusaba. No recuerdo bien los argumentos pero sí me acuerdo de su cara desfigurada por la calentura. Esa vez se enojó bastante. Me tiró tanto del pelo que al ratito se me salían los mechones. 
Lloré. Sola. En un balcón de un departamentito lindo de Vicente López. Creo que se veía la noche y el río apacible a lo lejos. 
Lloré más. Él estaba al lado mío pero yo estaba sola. Con el cuero cabelludo adolorido, con los pelos que se me salían de a mechones, con la angustia de saber que otra vez había cometido un error que yo no había podido anticipar (pero, según él, tendría que haberlo hecho)

Me habrá pedido perdón esa noche porque después estaba todo bien y seguimos viviendo juntos.

Adentro, lejana y ausente de ese balcón tremebundo, estaba la cena, estaba la torta, estaban los sabios, estaban las papas, estaban Kant y Hegel.




martes, 12 de febrero de 2013

la mentalidad ocupa me supera.

una cara blanca, blanquísima.
sonrisas apretadas, estiradas, obligadas.
casi que nacen por el tirón elástico de dos ganchos de metal,
como esos que vemos en los dibujitos de antaño.

una cara espolvoreada de rouge.
otra sonrisa apretada, forzada, constipada.
el flequillito al costado, las pestañas kilométricas
y la falda corta y los tacos largos.

...la mentalidad ocupa me supera,
espero que no pase lo mismo con el terreno de las vías camino a M***...

...cómo es que nadie pide inserción laboral?...

...A***, el país generoso con la gente que consigue todo quitándosela a los que trabajan...

...Nooo por favooor, encima después te baja el precio de la propiedad al toke, que ni irte podés!!...

las fotos en el Central Park
en alguna playa blanquísima de Brasil
en alguna catedral añeja de Europa
en el London de los juegos olímpicos.

...la mentalidad ocupa me supera...

domingo, 10 de febrero de 2013

uno viejo.


Pensaba que el amor era palabra. Pero la palabra, dicha muchas veces,
se convierte en significante bobo.
Pensaba que el amor era silencio. Pero el silencio, el silencio también,
es una forma de expresar.
Pensaba que el amor era estructura. Pero a toda estructura,
el tiempo la amasa, la revisa, la patea y la destruye.
Pensaba que el amor era concepto cerrado. Pero todo concepto puede pensarse
desde muchas aristas, muchos lados, muchas mentes diferentes.
Pensaba que el amor era entrega absoluta. Pero toda entrega,
por más absoluta y alienante que sea y 
cuanto más absoluta y alienante sea,
se desgasta.
Pensaba que el amor era de una vez y para siempre. 
Pero en mi vida nada fue de una vez y para siempre.
Ni tampoco lo será. 
Afortunadamente. 
Y así, así pensaba que el amor era
nombre, 
pensamiento,
silencio, 
estructura, 
entrega,
cierre.

Pero nada está cerrado.
Nadie se entrega totalmente.
Ninguna estructura es eterna.
Ningún silencio se perpetúa por siempre.
No todo pensar es racional.
Ni todo nombre se puede pronunciar.


Por eso,
prefiero no decir ya más.
Y que ese no decir de lo que no digo,
sea su mejor muestra.

el loco de los matafuegos

Está encerrado. Hace demasiado calor. Y ese ventilador que no para, que está encendido día y noche, lo vuelve loco.

...mirá ese ventilador, encendido todo el día, debe gastar mucha luz...se mueve incesante, como el movimiento incesante del mundo y sus actores...es plateado, qué raro el color plateado, qué raras las aspas que giran y giran sin parar...

...hace mucho ruido, que pare, por dios...

Y sí. Hace calor y por eso el loco del matafuegos -aunque él todavía no sabe que va a serlo- había prendido el ventilador temprano. O tal vez la noche anterior, o la anterior, o la que la precedía. Pero ya no se acordaba.

...debe haber avispas acá adentro, qué es ese ruido?, no para, no para, qué calor que hace, ya lo voy a averiguar, qué es ese ruido?...

Nosotros sabemos que ese ruido es el ventilador, porque lo vemos desde arriba, subidos en este omnisciente que sabe todo lo que piensa el loco de los matafuegos. Pero él no lo sabe, y el ruido lo enloquece. Hay algunos frasquitos tirados debajo de la cama. Frasquitos con pastillas coloridas, casi caramelos. El loco las había puesto ahí para no olvidarse de tomarlas.

...sí, hace mucho mucho calor, mejor salgo un ratito, a tomar aire, así me despejo, a ver, abro la puerta, salgo al pasillo, el ruido ese molesto ya no está, viste? menos mal que salí a tomar aire, camino por el pasillo, veo cómo mis pies van caminando, un paso, otro paso, otro más, otro más, pies, pasos, a ver, tengo que bajar la escalera

MELLISAM...
instrucciones quite el seguro colóquese a 3 metros de distancia dibujitos un señor parece un caramelo como las pastillas que dejé abajo de la cama que me tenía que tomar seguro ya las tomé A B C para fuegos clases verde rojo y azul muchos muchos muchos muchos

El loco, uno por uno, los agarra, los tira por la ventana; de paso, apaga el ventilador. El ruido no está más. Se libera, se siente libre, liberado. Sale de nuevo. Tomar aire le hizo bien. Y eso que ni siquiera salió a la calle, todavía. Baja las escaleras, llega a la puerta. Abre con calma y feliz.

El loco camina por la vereda, hacia el ocaso.

Nada sabe de su nuevo nombre, ni de las cámaras, ni de las puteadas, ni de la policía naranja que irrumpe en su departamento, horas después.

No. Todo eso es para Crónica TV.

El loco camina por la vereda, feliz, hacia el ocaso.





estoy en la duda

Todavía estoy en la duda de si toda esta escritura psicoanalítica en bruto, es decir, todo eso que se escribe para hacer catarsis mental, así como sale, es literatura.

Tal vez pueda ser un buen material literario. Tal vez algún día se convierta en ficción, con todos sus recursos y sus banalidades.

Pero así, sin pulir: ¿es literatura?

¿o una sesión distinta en el diván, con un poco de ornato estilístico?

Por ahí, la pregunta más importante es si es importante plantearse estas cosas, o si a alguien le importa.

there was no need.

No era necesario revisar una y otra vez las causas remotas en mi cabeza, infinitamente.

No era necesario preguntarme una y otra vez las motivaciones latentes de mis actos.

No era necesaria ya, la larga explicación.

Ni los miles de disfraces con los que me cubría para satisfacer todas las demandas
de todos mis patrones.

Ni traer a esta isla el flujo y el reflujo del pasado remoto y cercano.

Tampoco lo era actuar para entretener.

No. No era necesario.


lunes, 4 de febrero de 2013

me di cuenta.

Hoy me di cuenta de que lo verdaderamente hermoso y disfrutable era (y lo será en lo sucesivo) generar ficciones.

Vamos ahora a armar lindas narrativas con palabras que encajen exactas y severas, como las piezas de un rompecabezas.

Mirá vos, quizás, después de todo (tooooodo) el mambo existencial, la respuesta era escribir.

Tal vez pueda escribir algo que alguien disfrute alguna vez leer.

O, también, tal vez, a los setenta, como el tan humano poeta ciego de nuestros arrabales, descubra mi propia voz y diga con ella alguna que otra cosita interesante.

domingo, 3 de febrero de 2013

una vez, mirando una serie estúpida, se me ocurrió esta situación.

Ella lo ama. Él es joven y hermoso. A veces, ella no entiende cómo él la desea. Porque él es perfecto: ya lo dijimos, joven y hermoso. Además, es escritor. Todo un intelectual. Y con convicciones políticas: es anarquista, se la juega. Ah. También es músico, compone sus propias canciones. ¿Qué más se le puede pedir a un hombre?

Él la ama. Ella es sabia y tiene una belleza que no muchos pueden entender. No la entienden porque ella nació un par de décadas antes que él. Pero qué noble y cautivante mujer es. Cuando él estuvo en prisión, durante la guerra, le escribía siempre. Y le mandaba comida y todas esas cosas que un soldado puede desear durante la guerra.

Ella lo ama y su amor es voraz. Lo mismo que sus celos. Sus almas se pertenecen pero, es lógico, un hombre joven y hermoso como él tiene mucho levante. Se maquina, se maquina todo el tiempo. A veces lo olvida, pero la máquina de celar funciona bastante seguido. Igual, ella lo ama. Sus besos mojados y jóvenes le hacen olvidar ese pensamiento constante de que su pasión es indebida. La máquina maquina que hay algo no funciona bien en ese amor.

Él la ama. No importa cuántas mujeres jóvenes caigan rendidas a sus pies, presas de su encanto. No importa cuántas minas se coja con sus artilugios de músico y anarquista. No. Él la ama y su amor es un viajero del tiempo: sólo le basta mirarla a los ojos e imaginar cómo habrá sido veinte años atrás.

Esa imagen incierta alimenta todo su amor y todo su deseo.