domingo, 10 de febrero de 2013

uno viejo.


Pensaba que el amor era palabra. Pero la palabra, dicha muchas veces,
se convierte en significante bobo.
Pensaba que el amor era silencio. Pero el silencio, el silencio también,
es una forma de expresar.
Pensaba que el amor era estructura. Pero a toda estructura,
el tiempo la amasa, la revisa, la patea y la destruye.
Pensaba que el amor era concepto cerrado. Pero todo concepto puede pensarse
desde muchas aristas, muchos lados, muchas mentes diferentes.
Pensaba que el amor era entrega absoluta. Pero toda entrega,
por más absoluta y alienante que sea y 
cuanto más absoluta y alienante sea,
se desgasta.
Pensaba que el amor era de una vez y para siempre. 
Pero en mi vida nada fue de una vez y para siempre.
Ni tampoco lo será. 
Afortunadamente. 
Y así, así pensaba que el amor era
nombre, 
pensamiento,
silencio, 
estructura, 
entrega,
cierre.

Pero nada está cerrado.
Nadie se entrega totalmente.
Ninguna estructura es eterna.
Ningún silencio se perpetúa por siempre.
No todo pensar es racional.
Ni todo nombre se puede pronunciar.


Por eso,
prefiero no decir ya más.
Y que ese no decir de lo que no digo,
sea su mejor muestra.

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