martes, 23 de septiembre de 2014

La perla del Caribe.

Ya tengo un momento que voy a atesorar hasta el día en que me muera. Hay muchos en mi vida, pero este momento lo disfruté muchísimo. En mi lecho de muerte, de seguro, lo recordaré y moriré con una sonrisa. 
Porque puedo decir que estuve en La Habana, en el bar la Floridita, aquel en el que Hemingway se sentaba a tomar su daiquiri sin azúcar (era diabético) y a escribir París era una fiesta. Ahí mismo estaba yo, tomando un ron, mientras sonaba Dos gardenias. Y, de repente, el mozo avisa que van a llegar los bisnietos del Ernest a conocer el lugar.
Lo curioso es que ya había olvidado que ese bar existía. En algún momento había guardado el dato en la memoria, pero al llegar a la Habana lo había olvidado. Caminado por sus calles, miré hacia arriba y vi la firma de Hemingway en un cartel y lo recordé. Y entré. De casualidad. Y, de casualidad, ese mismo día, cayeron sus bisnietos. 
Así es, una de las tantas sorpresas gratas con las que me sorprendió esa ciudad que alguna vez llamaron La perla del caribe.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Descargo.

Quiero cultivar el amor por las causas colectivas,
el amor por la vocación,
el amor por todo aquello que me apasiona.

Todo lo demás es pasajero, efímero, finito.

Pasa.
Pasa, descoloca, decepciona.

Todo lo demás, pasa.
Todo lo demás, me chupa un huevo.


Lluvia del trópico.

El amor es lluvia del trópico:
un cielo despejado en principio,
un cielo que se vuelve gris luego,
nubes y más nubes
y rayos que las parten de repente.

El amor parece lluvia del trópico:
súbita, incesante, infinita por un rato.
Acomete de golpe
moja
y se termina.

Después, todo queda tan seco como antes.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La flor del henequén.

Todo lo que se termina deja un sabor amargo.
Quizás porque anticipa el paso apretado de la muerte
que se nos viene inexorable y apurada
o porque nos recuerda cómo lo bello se pudre rápido
como la flor del henequén
que nace y muere hermosa en una noche.
O, simplemente,
porque nos hunde en delirios imposibles
del qué podría haber pasado
si
todo lo que se terminara
no se hubiera terminado
si durara más tiempo
-para siempre
o un minuto más-
y nos llenara de mieles la garganta
y el cuerpo entero
en lugar de empaparnos de esos delirios
esos sabores
esas muertes
y esos miedos
que nos deja
todo aquello que se termina.