El hombre que fumaba y leía Machado de Assís me dijo, hace unos meses:
-hoy es un día que no me tendría que haber levantado-.
Estaba estresado por algunas situaciones de su cotidianidad. Me contaba, sentado en el sillón más cómodo de mi casa, que se sentía mal con su vida. Y me preguntaba si era un fracasado.
-Claro que no- le dije. Le enumeré una serie de lo que a mí me parecían sus logros.
El hombre que fumaba y leía Machado de Assís me dijo que tendría que escribir una novela sobre su vida.
Ciertamente. Sería un muy buen personaje.
Atribulado, brillante. A veces (bueno, siempre) se ahoga en un vaso de agua.
Luego se fue y cuando llegó a su casa me llamó. Me dijo que mejor no pusiera que leía a Machado de Assís. Mejor, algún autor del canon occidental.
Aún hoy, sigo pensando qué podría leer el hombre que fumaba, en esta novela mía que probablemente no escribiré nunca.
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