jueves, 13 de marzo de 2014

Hay una madrugada interminable
de luces miopes
que alumbran las hojas de un árbol
cuyo nombre no conozco
en una madrugada interminable
de lamentos ahogados
y reproches sordos
-tantas veces repetidos-
pero sordos y ahogados
en la madrugada interminable
de los árboles desconocidos
y los pasos apurados
de un caminante que sueña
en esas madrugadas
-miopes e interminables-
que algo tiene sentido
que los lamentos ya no existen
que los reproches ya no existen


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