me desagrada hablar sobre el amor,
de sus felicidades rosas
y sus parafernalias de encaje;
más aún,
me desagrada hablar sobre el desamor
de sus locuras intempestivas
sus sufrimientos vacíos
y sus escenas repetidas;
aunque hoy
sobre eso quiero hablar:
de los veintitantos cigarrillos que se me esfumaron en la espera
de los mazazos incesantes a mi psiquis desvalida
de los cortes que yo misma le hice a mis piernas
los golpes que yo misma le di a mi cabeza
y esas pastillas que me tomé para dormir
en ese afán inútil
de dejar de sentir
(aunque sea un poquito)
ese afán inútil
de dejar de sentir
aquel vacío
que no puede llenarse con nada.
ese vacío que se desgarra de repente
(hasta el momento controlado, olvidado
pero que se desgarra de repente)
y que no puede llenarse con nada.
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