Le eyaculan un chiflido a la distancia.
Piensa en lo desagradable
que le resultan
esos albañiles vestidos de sudor y plusvalía.
Aún así
con sus limitaciones de machos empedernidos
la cogerían mejor que tantos otros
hombrecitos normalizados
esos grasas,
con esos miembros ávidos de estallar adentro suyo
la cogerían bien cogida
-como se dice-.
Se acuerda de aquel paraguayo
que alguna vez trabajó en su casa
(grande, blanca, linda)
a quien alguna vez vio
lavándose los pies en su pileta
se acuerda del asco
y se acuerda de esa mirada
(de sus ojos con vergüenza
y de sus ojos con lascivia)
-No, E***, cómo te vas a lavar los pies en la pileta...
le dice el capataz...
El pantalón blanco lleno de pintura
insinúa el bulto
piensa
piensa y se moja
(no quiere dejarse llevar)
la pobre niña rica
condenada
a pijas
pálidas
estrechas
sin alma.
Camina por la vereda y se le encoge el sexo de tanta nada.
Ya llegará el día
en que se la enfiesten
entre varios
y su vaginita de niña rica
le estalle en mil pedazos
y en mil porciones.
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