dios te salve maría
llena eres de gracia
el señor es contigo
bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre,
jesús
santa maría
madre de dios
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora
de nuestra muerte
amén
Miriam reza
y mira las estampitas de la virgen de Guadalupe que metió abajo del vidrio de su mesa de luz.
Miriam acaricia las cuentas del rosario
y repite una oración, sin cesar,
en el fondo de sus ovarios.
Ovarios rotos y desteñidos;
tiempo hace que se los olvidó
en algún cajón de esa cómoda vieja.
Miriam reza.
Está seca por dentro.
Demasiado llena de amor bendito
y de conmiseración por los otros.
¿Qué haremos con esos rostros sufrientes
de iglesias sufrientes;
con esas miradas beatas y amputadas?
-se pregunta-
La joven que fue le dice
que le arrancaría toda la ropa
a esos mártires sangrantes
que besaría sus heridas
que hurgaría todo aquello
que hay debajo de ese mármol y esa santidad.
Miriam reza.
La virgen le sonríe.
Ella se postrará en su altar de fuego
y gloria;
invocará a todos los santos
y sus sueños heridos.
Recorre sus tumbas
en la noche de hielo
como un fantasma
que quiere ser ángel
y no le da el cuero.
Miriam reza.
Alguien deja alguna flor
-cualquiera-
en esa cruz brillante en su ataúd.
No hay comentarios:
Publicar un comentario