sábado, 26 de octubre de 2013

dios te salve, miriam.

dios te salve maría
llena eres de gracia
el señor es contigo
bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, 

jesús

santa maría
madre de dios
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora
de nuestra muerte
amén


Miriam reza
y mira las estampitas de la virgen de Guadalupe que metió abajo del vidrio de su mesa de luz.

Miriam acaricia las cuentas del rosario
y repite una oración, sin cesar,
en el fondo de sus ovarios.

Ovarios rotos y desteñidos;
tiempo hace que se los olvidó
en algún cajón de esa cómoda vieja.

Miriam reza.
Está seca por dentro.
Demasiado llena de amor bendito
y de conmiseración por los otros.

¿Qué haremos con esos rostros sufrientes
de iglesias sufrientes;

con esas miradas beatas y amputadas?

-se pregunta-

La joven que fue le dice
que le arrancaría toda la ropa
a esos mártires sangrantes

que besaría sus heridas

que hurgaría todo aquello
que hay debajo de ese mármol y esa santidad.

Miriam reza.
La virgen le sonríe.
Ella se postrará en su altar de fuego
y gloria;

invocará a todos los santos
y sus sueños heridos.

Recorre sus tumbas
en la noche de hielo
como un fantasma
que quiere ser ángel
y no le da el cuero.

Miriam reza.

Alguien deja alguna flor
-cualquiera-
en esa cruz brillante en su ataúd.

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