Me pasa que empecé psicoanálisis hace unos meses y, de repente, me acuerdo de un montón de cosas.
Recuerdos partidos, nítidos, saltarines, que aparecen de repente, como un baldazo de memoria recuperada.
Me asombra, me asombra mucho, haber vivido cosas que olvidé y que súbitamente recupero.
Ahí estoy yo, de chica, de niña; más tarde adolescente. Está mi abuela cuando estaba bien y éramos felices, esa tríada feliz e intrincada que éramos (y somos todavía) mi abuela, mi vieja y yo.
Acá (pienso que señalo mi cabeza) estás viva abuela, más viva que cuando estabas viva y no te acordabas, más viva que nunca.
Me hablás y te reís. Y te tomás un fernecito.
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