Se ven por todas partes, están por todas partes.
Hay que cuidarse porque salen de abajo de las baldosas, entran por cualquier puerta, suben y bajan por cualquier ascensor.
Están lejos y cerca, arriba y abajo, vienen desde el este y el oeste, son omnipresentes.
Los omnipresentes chupadores compulsivos.
La ven y no pueden resistirse.
Es más fuerte que ellos.
Apenas se insinúa el falo venoso, ese totem-falo-faro venoso y retorcido del poder
(aunque sea un poquito, aunque sea chiquito, aunque se asome tímido y distante)
ahí están ellos.
Les gusta, no pueden evitarlo. Lo pueden disimular, sí, pero siempre les salta la ficha.
Les gusta comérsela, toda, hasta el fondo. Se calientan, el poder los excita, les figura las más extrañas fantasías.
Pornografía descarnada que les explota la cabeza y les corta los pies.
Ya no pueden caminar porque no tienen pies. Ya no pueden pensar porque no tienen cabeza.
El totem-falo revienta a su paso pies y cabezas.
Algún dia lo chuparán tanto, tanto, tanto pero tanto
que se atragantarán con su leche
viscosa y explosiva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario