domingo, 11 de enero de 2015

Narraciones ordinarias.

Finalmente sucedió. Después de casi tres meses de vivir en La Emita, el almacenero del barrio me preguntó de dónde era.

-¿Eres de España?
-No, de Argentina.

Ya le había adivinado la curiosidad hace tiempo. Él y su mujer me veían entrar en la tienda y siempre me sonreían. Quizás se trataba sólo de buena educación, pero me gusta pensar que por alguna razón yo les caía bien y se alegraban de verme. Alguna vez mi acento debe haber delatado que no era de por ahí y bueno, esas cosas generan curiosidad. Lo cierto es que ninguno de los dos se había animado a preguntarme de dónde venía.

Ahora me lo imagino charlando con su mujer, contándole el suceso: ¨sabés que esa chica era de Argentina al final¨.

Ellos me caen bien y su tienda me gusta mucho. Es uno de los lugares más lindos del barrio. Cuando se acercaba la navidad, la tienda se llenó de piñatas de todos colores. Piñatas redondas, de muchas puntas con flecos, metalizadas. Costaban sesenta pesos.

Esa tienda, ya dije alguna vez, me hace acordar a los almacenes viejos de barrio, de aquellos que hay en Buenos Aires. Sólo que éste, en Navidad, se llena de piñatas. Todos los días, de seguro hace mucho, hay una virgen de Guadalupe colgada en la pared. Y una imagen de Chicharito al fondo, escondida, que te mira sonriente mientras buscás qué cosa dulce podés comprar para el postre o te espía mientras le comprás las croquetas a los perros.

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